Durante el último año hemos visto repetidamente como Instagram y WhatsApp, dos apps de mensajería líderes en su segmento se caían un mes sí y otro también. Este problema se ha vuelto tan común que los usuarios nos hemos acostumbrado a tener un par de apps extra como alternativa para poder comunicarnos durante las caídas de servicio.

Pero ¿qué tienen en común estas dos aplicaciones? Básicamente que son propiedad del conglomerado de Facebook y todas funcionan con los mismos servidores. Si IBI Cloud tiene problemas esto se traslada a todas las aplicaciones que funcionan con su servicio, incluyendo a Facebook Messenger y otras menos conocidas.

Esto sucedió hace unos meses cuando Amazon tuvo problemas con sus servidores y cientos de páginas web de dejaron de funcionar al mismo tiempo. ¿Sabías que Apple paga más de 360 millones al año a Amazon para utilizar su servicio en la nube AWS? Y es que, aunque Apple lleva años construyendo sus propios centros de datos para iCloud, su base de usuarios crece tan rápido que necesitan apoyo externo para soportar todo el tráfico de los más de 1.000 millones de dispositivos iOS que hay activos en el mundo.

Las aplicaciones, franquicias de videojuegos y cine, redes sociales y prácticamente cualquier negocio tiende a concentrarse en las mismas manos. Solo hay que fijarse como Disney domina la industria cinematográfica desde que compró Marvel, Star Wars, Pixar y Fox. Si cuando se estrene su app de streaming Disney+ los servidores fallan millones de personas se quedarán sin acceso a su contenido favorito, algo que no hubiese pasado si estas franquicias siguieran su camino por separado y alojasen su contenido en otros servidores.

Los problemas técnicos de WhatsApp e Instagram están lejos de solucionarse, pero la solución avanza por buen camino. Ya es hora de copiar el modelo de Netflix que tiene 3 servidores dedicados repartidos por el mundo y así, cuando falla alguno, redirige todo su tráfico a los otros dos. Su modelo funciona tan bien que ellos mismos se provocan caídas de servidor para ver cuantos segundos tardan en derivar el tráfico al otro lado del globo sin que el usuario lo note.